Este blog contiene textos dedicados a las familias, a los padres y madres para que eduquen con buenas prácticas. Tiene dos enfoques que se complementan: el psicológico y el jurídico. Está escrito por dos grandes profesionales y amigos. Antonio Lafuente y Antonio Ortuño. Esperamos que os sea útil.

martes, 17 de diciembre de 2013

Los cocos del siglo XXI

¡Qué viene el coco!, decían nuestras madres cuando nos portábamos mal. Era de las últimas estrategias que usaban cuando ya no sabían qué hacer. En la actualidad, afortunadamente, apenas se oye. Los “cocos”, en el siglo XXI, han sido sustituidos por los psicólogos infantiles. “A qué te llevo al psicólogo”, “cómo sigas así se lo pienso decir al psicólogo”, son frases que algunas familias les plantean a sus hijos/as. La manipulación a los hijos/as se mantiene, pero los protagonistas cambian.

Imagínate que te hubiese dicho tu madre que vayas al coco y que le cuentes todos tus problemas, todo lo que te pasa, que seas sincero con él… ¡Qué ganas, no! Pues es esa la sensación que tendrán algunos chavales cuando acuden a algunas terapias. Se esconden detrás de su gorra, de su mirada, de sus gestos. En más de veinte años todavía no me he encontrado que un niño/a empiece la primera entrevista diciendo “me alegro de entrevistarme con ud., tenía muchas ganas de verle porque tengo un problema en mi familia que me preocupa…”.

Queridas familias, los niños/as no son el problema, no señaléis a vuestros hijosas como los culpables de la situación. Como psicólogo infantil os recomiendo que no llevéis a vuestros hijos/as al psicólogo, id vosotros/as. Hay que pasar del “trate usted a mi hijo” al “¿qué puedo hacer para educar mejor a mi hijo?”, del “es que me contesta” al “¿qué puedo hacer para no gritarle?”, del “no me hace caso” al “¿cómo le puedo ayudar a crecer feliz?”

Últimamente en las terapias familiares, en una primera fase, no veo efectivo que los menores acudan a terapia. Incluso el Código Deontológico del Psicólogo lo dice bien claro, no podemos ver a los menores hasta que los tutores no lo autoricen. Hay que aprovechar esa primera entrevista para motivar a los padres a ser protagonistas, a construir un espacio familiar adecuado para que los niños/as puedan tomar decisiones y madurar acorde a su desarrollo evolutivo. La eficiencia está en entrenar a los padres en estrategias y habilidades que ayuden a sus hijos/as a crecer felices, en motivar a los padres a cambiar para que el menor pueda mejorar, en fortalecer los buenos tratos y las buenas prácticas en la infancia. Los psicólogos infantiles no podemos sustituir a los padres, debemos apoyarles en sus funciones.

Por mi experiencia profesional, un alto porcentaje de padres entienden que son ellos los que tienen que cambiar, y se consiguen altas terapéuticas sin que sea necesario que los niños/as vayan al “coco”. Así se evita culpabilizarles de la situación familiar, etiquetar sus conductas, desresponsabilizar a los adultos, que los niños/as pasen por diferentes profesionales, consultas, hospitales, pruebas diagnósticas, toma de medicamentos. Me indigna que los niño/as realicen todo este recorrido sin que nadie haya informado a sus padres cómo tienen que ejercer de padres.

Según las tarifas del Sistema Nacional de Salud del año 2010, el recorrido que realiza un niño/a para evaluar un “problema psicológico” cuesta alrededor de 1100 €. Pasar por el médico de cabecera cuesta 84€, por los profesionales de la psiquiatría o psicología 220€. Hacerse un electroencefalograma son 125€, o una resonancia magnética unos 400€ de media. Todo este proceso para decir, en ciertas ocasiones, que es un inmaduro (que es como no decir nada). 

Ofertemos recursos a los padres para que aprendan las herramientas necesarias para atender a las necesidades de sus hijos/as, y dejemos de marear a los niños/as.
¡Qué sean los padres los que se enfrenten al “coco”! 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Realmente ¿necesitamos una silla para pensar?


Una silla es un asiento con respaldo, por lo general de 4 patas, en el que solo cabe una persona (o un cerebro). Es una definición sencilla. Definir “pensar” ya es más complicado, ya que es algo no observable. Es un término relacionado con la inteligencia, con tomar decisiones, con reflexionar, opinar, analizar, producir ideas, planificar, organizar, predecir, anticipar, imaginar…
Yo ahora mismo estoy pensando, y estoy en una silla. ¿Estoy utilizando la técnica de la silla de pensar? Yo creo que no, puesto que hay una gran diferencia: lo he elegido. Y cuando se manda a un niño/a a pensar a una silla lo eligen los adultos. El niño/a no lo decide.
Yo soy un defensor de ayudar a pensar a los niños/as, adaptándonos a su desarrollo cognitivo. La aparición del lenguaje es uno de los principales hitos del desarrollo, ya que sin lenguaje no hay pensamiento. Potenciar el lenguaje interior de los niños/as, sus pensamientos, es fundamental para madurar y crecer de forma inteligente. Cuando un niño/a aprende a hablarse a sí mismo, ya es libre.
Hay que dejar que los niños/as se hablen a sí mismos, ya sea en una silla, en la cama, andando o merendando. Pero a su ritmo, con sus tiempos, sin forzar.  Todo lo que ya puedan analizar, sacar conclusiones, valorar, enjuiciar, crear… que lo hagan. Cuando desde fuera nos excedemos en explicaciones, argumentos, reflexiones, intentar convencer… mal asunto. Yo siempre digo a los padres, cuanto más funciona tu cerebro, menos funciona el de tu hijo/a. Los sermones, las charlas, eso que ya has contado a tu hijo/a varias veces, infantiliza, no potencia su pensamiento, ni su aprendizaje y maduración.
Las familias que usan la silla de pensar lo utilizan cuando surgen conflictos, y la alteración emocional normalmente campea a sus anchas. O el niño/a está enfadado, o los padres están enfadados, o ambos están enfadados. Cuando se utiliza la silla de pensar existiendo este descontrol emocional, se desconoce por completo el funcionamiento de nuestro cerebro. Es imposible “pensar” cuando tu cerebro está invadido por la ira. Cuando se está enfadado sólo te vienen a la cabeza pensamientos relacionados con la injusticia  (¿cuántas veces hemos odio decir “esto es injusto”?). Sólo nos funciona la parte cerebral más antigua, la del instinto y la supervivencia, la de la defensa. Es como si el cerebro estuviera reducido, secuestrado por la ira. Mandar a alguien a pensar en esa situación, sea en una silla o en la lámpara del salón, es absurdo.
Simplemente piensa cuando estás muy enfadado por algo, y alguien te dice, aunque sea con ternura y delicadeza, “anda, siéntate ahí y piénsatelo”. Pues eso, es fácil que le mandes a freír monas. Tú decides cuando pensar y dónde.
Ante los conflictos con los niños/as, los que se tienen que ir a pensar (sea en una silla o no), como mucho, son los padres. Cuando un niño provoca, se enfada, se altera, suele tener razón. Algo hemos hecho mal los adultos, alguna contradicción entre lo que pensamos, decimos o hacemos. Los niños/as se enfadan cuando detectan incoherencias, imprevistos, inseguridades. En lugar de llevar a tu hijo/a a pensar a una silla, déjale pensar lo que quiera donde quiera, atiende al plano emocional, y aprovecha para analizar qué ha pasado. ¿Estaba yo enfadado? ¿Cómo le he dicho lo que le he dicho? ¿Le he dicho una cosa y estoy haciendo otra? ¿Le he trasmitido mensajes de confianza? ¿He sido respetuoso? ¿Estoy entendiendo su malestar? ¿Me he excedido en mis argumentos? ¿Estoy imponiendo lo que tiene que pensar? ¿Estoy enjuiciando su actuación? ¿Le estoy diciendo algo que ya ha escuchado cientos de veces? ¿Le estoy diciendo continuamente lo que tiene que hacer?

Si establecemos pautas educativas coherentes, respetuosas, creíbles, predecibles, empáticas… fortalecemos esa seguridad que necesitan nuestros hijos/as para crecer, tomar decisiones, pensar… y no hace falta poner a ese cerebro en un asiento con respaldo, por lo general de 4 patas, ni inventarnos la cómoda de la reflexión, ni el sofá de la anticipación, ni el perchero de la creatividad, ni la alacena de la planificación, ni la mesa de la atención, ni el escritorio del control inhibitorio, ni la alfombra de la inteligencia...

Taller on line próximo


Conferencia para alumnado de Educación Infantil



 Este jueves, Noviembre de 2013 ante unas 100 estudiantes de Educación Infantil, en el Instituto Pio Baroja, en Madrid, explicando mi método educativo. Un placer.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Artículo publicado en la revista Mi Pediatra Nº94

Entender el comportamiento infantil, no señalar al niño/a como el que tiene el problema, enfocar el cambio en los padres, y entrenarlos en herramientas coherentes y respetuosas. Son alguna de las claves de la intervención familiar. Mi artículo en el último número de Mi Pediatra. Espero que os guste!!

https://drive.google.com/file/d/0B0juK5UUOdLmRzY2TUR1M1BVX2s/edit?usp=sharing

jueves, 14 de noviembre de 2013

Más conferencias


Después de estar por tierras almerienses dando conferencias en Garrucha, Macael y Alhama de Almería, (volveré a Almería en Enero), retorno a Navarra. Dos conferencias me esperan. Y el reencuentro con muy buena gente.
Y en Madrid estoy a punto de cerrar tres conferencias. Ya iré informando.